“Érase una vez un estudio de entrenamiento personal en el que trabajaba una chica muy alegre llamada Marta.

Su pasión siempre había sido el deporte y SONREÍR era uno de sus ejercicios favoritos. Marta sabía que la sonrisa era algo que valía mucho y tenía un poder enorme y que, sin embargo, no costaba nada; por eso, siempre empezaba y terminaba su jornada laboral con una en la cara.

Un día quiso hacer un experimento entre sus clientes y, sin que nadie lo supiera, se convirtió en “recaudadora de sonrisas”; quería saber si era capaz de provocar alegría y felicidad en los demás, ver cómo reaccionaría la gente ante su alocado plan, así que se puso manos a la obra.

Cada vez que un cliente entraba por la puerta de Personal, el estudio de entrenamiento de Marta, veía un enorme saco azul colocado en una de las esquinas; la mayoría no preguntaba qué hacía ese saco allí por vergüenza, pero los que sí se atrevieron a hacerlo recibieron la siguiente respuesta: ‘en este saco guardo una sorpresa que ya te desvelaré’. Dicho esto, Marta sacaba una cámara de fotos instantánea que una amiga le había regalado por su último cumpleaños y les entregaba a los clientes una pequeña cajita diciéndoles que la abrieran y miraran en su interior.
Cuando lo hacían, a los clientes se les dibujaba una enorme sonrisa en el rostro; justo en ese momento Marta les hacía una fotografía y se la regalaba junto a un papel. Al leer el papel, descubrían lo que había guardado en el gran saco azul y la misión que debían hacer a partir de ese momento.

En la caja tan sólo había una foto de Marta y su perrita Hada sonriendo juntas y todos los clientes, al verla, sentían la alegría que transmitían y respondían a su vez con otra sonrisa. Ella les sacaba una foto en ese instante y les entregaba el papel donde les pedía que hicieran lo mismo con otras personas; la próxima vez que fueran a entrenar a Personal debían llevar una copia de las fotografías que habían hecho de la gente sonriendo. Y precisamente esas fotografías de sonrisas eran la sorpresa que guardaba el misterioso gran saco azul.

Durante varias semanas el saco azul de Marta no dejó de llenarse de las fotos de las sonrisas que sus clientes le entregaron, con lo que ella comprendió que su plan había funcionado y que había ayudado a todos a entender que el simple hecho de sonreír ya es un regalo para todo el mundo”.

Este pequeño relato ha sido simplemente una excusa para hablaros de lo importante que es sonreír; de sonreír a los demás, a la vida… Cada vez que sonreímos a alguien llevamos a cabo un acto de amor, un regalo para esa persona, algo realmente hermoso y bello.

Sonreír nos hace más fuertes y nos permite afrontar nuestro día a día de otra manera; todos sufrimos reveses en la vida, eso es cierto, pero no es lo mismo sobrellevarlos con una sonrisa y una actitud positiva que dejarse hundir por ellos. Si elegimos afrontar los problemas de manera alegre y con una sonrisa, estoy convencida de que encontraremos rápidamente la solución que, aunque no lo creáis, se encuentra bajo nuestros ojos esperando ser vista.

Al cabo del día seguro que tenéis millones de cosas que os hacen sonreír: vuestro perro cuando llegáis a casa de trabajar o estudiar, vuestra pareja cuando os da un beso, vuestro mejor amigo cuando os manda un mensaje al móvil, …
En el mundo en el que vivimos, donde mucha gente ha olvidado el significado de la sonrisa y la alegría, las personas sonrientes son muy queridas porque traen a nuestra vida esa bocanada de aire fresco que cada día necesitamos.

Así que ya sabéis, todos a sonreír porque lo único que nos trae son cosas buenas 🙂

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Marta Rosado